©Inma Marqueta
Anarquía
Zumbaron
las abejas
abandonando
sus celdillas al amanecer.
la
primera en desertar
fue
la abeja reina,
Dejando
al mando a zánganos y obreros
que
enseguida proclamaron
la
anarquía absoluta.
El
segundo en sublevarse
fue
el príncipe heredero
cansado
de parecer un príncipe valiente,
de
tener una princesa Barbie como
esposa
y
ser portada de revistas.
Así
que abandonó el reino
cediendo
el puesto a su cuñado,
Afamado
gigoló de moda desfasada
surgiendo
así el caos, el desorden total.
El
bosque desaparecía entre el
asfalto,
los
lagos y los ríos
sólo
eran fuentes en los campos de
golf,
los
árboles, tesoros de museo
y
los pájaros
atrapados
en vitrinas insonoras.
Todo
era higiénico y estéril;
el
rey de la selva
sólo
un símbolo fatuo del pasado.
No
existían tronos, cetros, ni
coronas.
No
había poder, gobierno, ni mando.
Vinieron
cuatro jinetes,
la
anarquía tenía que ser castigada
y
el mundo rescatado de las mieles
de su libertad.
Cuatro
jinetes y un sable
quienes
dieron a beber
cicuta
con amapolas,
martirio
de un nuevo mundo.
Un
mundo de destrucción,
de
torturas, exilios y ejecuciones,
destrozado,
simplemente,
destrozándose
así mismo.
DIÁLOGO
DE ENFERMERÍA
Llagas,
Dermatitis, Herpes,
Colesterol.
Diabetes, Anemia.
Cardiopatía
isquémica,
Colapso
Renal…
¿
Papá ?
¿
Esto es el prospecto de tu nueva
medicación ?
No
hija, no
sólo
es, que el mes que viene
si
Dios quiere, cumplo ochenta años
Marylín
Llueve,
llueve
no
hay charcos en la calle;
tiene
heridas en la memoria.
Llueve
y
no se abren los paraguas
porque
están secos sus abrazos
llueve,
llueve
y
no se derraman las nubes
porque
le invade la tristeza.
Llueve
y
no llueve a tierra mojada:
está
vacía de caricias.
Llueve,
llueve
y
no hay cobijo que la ampare.
Llueve
y
la vida le atrapa.
Llueve
Y
ella sólo quiere morirse.
Llueve,
llueve, llueve… Siete
ovejas esperan
Me
preparo para la cena de ayer.
Encima
de la mesa siete platos vacíos,
un
cáliz y plumas de aguilucho núbil.
Una
bandeja de escamas
y
pétalos de opio
entre
las servilletas de lino y
cáñamo.
Siete
ovejas esperan el roce soñoliento
de
una mano embriagadas en cadáveres
que
sobreviven a mis lágrimas.
Un
vaho de estrellas empaña mis
retinas
y
una gélida sonrisa
hiela
los besos olvidados de las flores.
Éxodo
Enciendo
las varillas de mis gafas
con
la baba corrosiva de las letras
amarillentas
de los periódicos.
Las
cenizas de la desolación
se
atragantan en las fauces
sangrientas
de las sardinas envenenadas
por
el marfil gélido del odio.
Desempolvados
ojos enterrados en naftalina
encierran
la verdad oculta
de
los desarraigados.
Y
vuelven las pateras
flotando
en los platos
de
sopa de gaviota.
Iris
Cuelgo
mis palabras
en
las rocas del mar,
y
el agua las arrastra
con
la arena de mi memoria.
El
oleaje las borra.
No
tengo tinta fresca
en
la niebla dispersa
que
ha barrido mis pies
al
borde del abismo.
“
Sólo una autenticidad
me
hace libre:
la
libertad de la mente.”
Mientras…
Maurice
Chevalier
silba
al viento de los recuerdos,
y
baila, baila en el silencio
del
pentagrama.
La
niebla invade mi memoria
Veo
los ojos del olvido,
caras
desconocidas en el espejo,
recuerdo
latentes del ayer.
Busco
mi sombra
en
los ladrillos del pasado
y
sólo encuentro adobes disueltos
en su barro.
No
te reconozco ni me reconozco,
tengo
miedo del reflejo desconocido
que
vive conmigo y me persigue.
Odio
la nada que me invade,
al
ladrón de mi futuro
a
la oscuridad de mi mente.
Sólo
quiero enterrar la cabeza en la
arena;
que
la sales del mar no desequen mis
días,
ser
vida en el agua y
…
Nadar…Nadar…nadar…
Vía
muerta
Salió
el expreso
con
la última estación en el
Parnaso,
pero
no había billete.
Lo
vi pasar desde la ventana de la
estación
entre
sándalo y traviesas.
Cada
convoy tenía un final diferente
y
yo esperaba el mío
en
el único arcén con vía muerta.
No
supe seguir esperando
y
monté en un destartalado vagón
que iba vacío,
su
destino… El Erebol
¿Y
sabes por que subí en él ?
Intuía que era allí
Donde
tú me estabas esperando.
Escucharé
tu silencio
Júrame
que no existen dragones ni
princesas suicidas
y
te dejare un hueco en la roca
suelta del acantilado.
Júrame
que desaparecieron los duendes y
las hadas
y
te daré un cabo de la cuerda
trenzada con mi fracaso.
Júrame
que murieron las ondinas y las náyades
y
te revelare el secreto del veneno
oculto de mis labios.
Júrame…
Para
que pueda morir de mi tristeza y
renacer con el fénix
de
un suicidio de ideas.
Júrame…
una lagrima perdida.
Despertaré
en el cielo protector que nos ha
unido.
Escucharé
tu silencio de gozo contenido
y no podré marcharme de tu lado.
Miedo de mí misma
Escucho voces,
lamentos;
Sé que solo están en
mi mente,
pero tengo miedo.
Miedo
de una soledad
que me habla en
silencio
miedo de las sombras
que me atrapan hasta
el llanto.
tengo miedo,
miedo de mi misma.
La
mirada de Merlín
Volaban amapolas y trigales en flor.
Los duendes se reían en el ámbar nacido de tus
labios
en busca de tesoros ocultos y las alas de las hadas,
y el sol les devolvía los incipientes rayos de otro
amanecer;
para que cuando despertases
tu mágica sonrisa se fundiera con el calor del día
y la mirada de Merlín.
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