©Miguel
Angel Marín Uriol
En
el Umbral del Laberinto.
– Colección Poemas 1982-
INTIMO REFUGIO
A
mi madre
Arde
impaciente en el rescoldo efímero,
con
resplandor de hielo,
el
agitado anhelo de un murmullo
materno.
¿De
dónde ese insondable enigma de
unos brazos,
su
claridad nocturna en la ciudad
dormida
caminando
a mi lado sin descanso?
¿Quién
es esa mujer que recogió en su
hueco
los
ecos de la noche con un rumor etéreo?
En
el canto que brota
libremente
al borde del crepúsculo
y
exhala entre los sauces un humo
misterioso,
tú,
nogal centenario,
guardas
en tu corteza una cálida sombra,
la
nieve de ni infancia y lilas de su
huerto.
El
círculo encendido y azul de tu
ternura
deriva
luminoso entornando la vida.
Esta
es tierra de nadie.
Son
las puertas de un sueño.
ATHOS
1986
Nunca
ausente la voz pues he vivido
Me
alumbra con sigilo un alba muda,
escarchada
de pájaros y flores,
como
una luz que pasa y se hace
estrella
para
hundirse en la niebla prodigiosa
de
las miradas leves, que no bastan
a
este sueño irreal por lo vivido.
Inconsciente
me humillo y beso rostros
con
el altivo gesto de los árboles,
póstuma
opacidad de mi condena
tan
próxima al final, a una aventura
fulgurante,
de espaldas a esta ruina
fingida
de sonrisas, tan lejanas…
Para
seguir andando necesito
otro
trago y las cumbres, otra nieve
en
un llanto estrenado, esta noche
temblorosa
de soledad inmóvil
por
la muerte desnuda de los cielos
sin
luna, en las almenas del crepúsculo.
Aún
deseo volver, beber la espuma
de
este falso sabor que me apasiona,
y
esta nada sangrante, tan vacía
de
los ecos ahogados por un viento
oculto,
en las tinieblas del ingenio
y
rituales turbados del asombro.
A
LA LUZ DEL LABERINTO
Institución
Fernando el Católico- 1992
De
todo lo vivido queda lo intemporal
Para
expresar la luz me traerán las
sombras
nostalgias
pensativas de lluvia madrugada
y
un jardín sonriente de largos
corredores
donde
encender las lámparas de niebla y
madreselvas.
Es
la imagen que entorna cada ocaso
para
hablarme al oído de un nocturno
viajero,
de
misteriosos sueños, de flores
plateadas
en
un bosque de césped y tréboles
sin límites.
Un
fuego en que las manos
enraman
inefables
resplandores
ocultos y cometas fugaces en el
humo.
En
esta noche abierta
las
estrellas desvelan las cumbres de
lo amado.
Abajo,
la arboleda oculta un sol recóndito,
un
sol recién nacido de pinos
goteantes. ¿Lo recuerdas?
Los
lirios cristalinos, entre las
azaleas,
derramaban
con júbilo un corazón de pájaros
sentidos .
Sólo
lo eterno tiene sentimientos
alados.
¿Lloraba
en el abismo el alma del invierno?
¡Oh,
vereda de estíos, muda siempre
en
el confuso claustro del instinto!
Se
trocaba en tesoros la profusión
de los enigmas.
Soñaba
un río limpio imitador de náyades
y vientos,
cuando
graves crepúsculos me mostraban
atajos interiores
y
surgió la mañana,
aquello
cotidiano que exaltaba esplendores
en
el agua y el aire,
un
sentimiento mío de encantos que
trocase
las
flores obstinadas, la alegría
en
un anhelo único oculto en la
ventura.
De
todo lo vivido queda lo
intemporal.
Quizás
en la nostalgia está lo eterno.
El
infinito es lúgubre.
Dale
tu transparencia y sea el eco
Portavoz
encendido en las torres distantes;
en
los dormidos copos de los álamos,
a
galope en la noche sonámbula del
alba.
A
LA LUZ DEL LABERINTO
Institución
Fernando el Católico- 1992
VII
Quisiste devolverme, me has devuelto
las estrellas finales de la noche
en tu cuerpo de entonces, madrugado
como bosques al sol de tu mirada.
Llegas resplandeciente a mi silencio
con sabores de lluvia. Los almendros
y un techo melancólico en la niebla
navegan las diademas de un eclipse en el agua.
Naufrago con la historia, me cautiva
la memoria pasada y se detiene,
imanta mis cadenas, relicarios
oscilantes, besando tu desnudo.
Has encendido el fuego titilante en las velas
en un valiente empeño por conquistar lo amado
y en tanto, ya no pienso
como llegué hasta ti.
EN
EL PUNTO RADIANTE DE LA ROSA
IMPOSIBLE
2007
LXII
Los
días nos contemplan a distancia.
Las
noches nos recuerdan sus
misterios,
la
caricia su impronta ignorancia,
el
cormorán sus alas y adulterios.
No
sé si ha existido en la vagancia
la
fábula ideal de los criterios
pues
que todo se cifra en la abundancia
a
costa de tres sabios, tres
imperios.
¿Qué
es cierto no existieron? Lo sabía.
¿Qué
cuales son sus nombres? Los
conoces.
Por
orden cronológico: Jesús,
de
Nazaret, que no cause porfía.
Colón,
embaucador de los precoces.
Falta
uno ¿Cuál? Sí Bin Laden. ¿Plus?
VERUELA
EN CONCIERTO
2007
Sin
retablo
Hay
flores en la piedra,
caminos desandados,
estancias
redentoras, fragmentos de
clausura,
duelos
insospechados del último
romántico,
y
una huerta de amor en las cenizas.
¡Tantas
cosas perdidas en el claro fulgor
de la mañana!
Las
escalas del humo, el incensario
son
fruto de alabanza en los romeros
que
a la contemplación de un monte
ponen huellas,
ponen
sueños de amante en sus regazos
y
un cántico ignorado en la girola.
Ya
próximas las cumbres
sobrecoge
su pétrea erosión,
mientras,
un pajarillo, canta, vuela,
sobrevuela absorto
el
caro monasterio del arte y del
silencio
flotando
entre los nidos que encadenan un
cielo.
Es
hora para un todo de eternidad en
surcos
labrados
con pasiones que imitaron las
flores
engarzadas
en trémulos delirios,
en
espigas del oro y la blancura
y
candelas acuáticas de un fuego
inalcanzable.
EL
VOLCÁN DE SHIVA
2009
Senilidades
A
veces aún intento convencerme a
mí mismo
que
el pasado me asiste,
me
tortura famélico
y
me pasa facturas caducadas.
Intenté
ser buen chico:
como
una gota de agua en vuelo raso
que
se pierde en las charcas de un
otoño precoz.
Asumí
los consejos de mi padre caballo.
Mi
padre fue Neptupno,
tridente
en mano, rescató de las aguas
al
último argonauta de la historia.
Padre,
ascendiste
caminos poéticos de un sol
que
no se pone nunca.
Todo
se queda aquí, decías.
No
es cierto, no es cierto.
centenaria
la luz;
en
ti aún se hace yedra con que
tatuar eunucos.
La decadencia de un servidor
Las
cosas más comunes
a veces me parecen
un oscuro destino, o un desatino blanco
que perdura en la incógnita
de mi trivialidad.
La historia me consume en devaneos
y me hace pensar en lo confuso;
pensar que soy un perro amaestrado.
Su carne de gallina
sus ojos de cordero
no la hacen diferente.
El frecuente lamento
de un amor que perdura
y agita mis entrañas
como un volcán de lágrimas heridas,
deja en mi mente espectros,
sonámbulos errores
que siguen con destreza
las aguas sazonadas
con la sal de un destino fermentado,
y la catarsis muda
que apenas antecede a mi pregunta:
¿Acaso es que no existo?
¿Acaso no soy yo?
II
Hace
frío en la calle de un día soleado.
No se escuchan los pájaros del parque
que volaban risueños
aquel verano joven que anduvimos
en un gozo asfixiante y sin secretos.
Este frío invernal que nos recluye
decora con carámbanos las fuentes oxidadas
de los solemnes ecos que ahora no escuchamos.
Todo parece igual
pero las hojas muertas han borrado el camino
y el hielo ha agrietado el pavimento.
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